Resulta ser que en Budapest, la oficina de turismo local, expropió hace tiempo una cueva para construir una atracción turística. Los propietarios del predio, se intentaron oponer, al grado que amenzazaron con embrujar su propiedad con algún hechizo gitano.
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Hace dos años abrieron por primera vez los laberintos al público general y la atracción fue todo un éxito. Toda Budapest se volcó a las taquillas. En menos de quince días, la mitad de la ciudad había visitado ya las cuevas de Pest. El resto, lo ha venido haciendo de poco en poco cada domingo, cuando la entrada es gratis.
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A finales del año pasado, el buró de promoción económica inició una investigación para comprender la reciente caída en los índices de productividad y crecimiento de la ciudad.
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En su edición de ésta mañana, el Budapest Sun publica -entre muchos otros datos- que a diferencia de antes, hoy la gente tiende a enamorarse más y trabajar menos. Por lo que invierten la mayor parte de su tiempo y recursos en el travieso arte de la seducción.
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En los próximos quince días –anuncia el diario- el predio será devuelto a sus dueños originales. Esta medida fue promovida por un alto comisionado de la Unión Europea, con el objetivo de evitar que el hechizo de amor se extienda al resto del continente.
Autor: Roberto Trad