Dejemos de Hacernos Pendejos

Para nadie es un secreto que México no va bien. Y no necesitamos abrir la Forbess para darnos cuenta que el Estado Mexicano está rebasado. Basta con observar cosas tan simples como la conducta de los automovilistas en la Ciudad de México, tan indignantes como el aguinaldo de algunos gobernadores, tan injustas como las historias de explotación de trabajadores en la frontera norte, tan alarmantes como la escalada de violencia vinculada al narcotráfico, tan burdas como los casos del Góber Precioso y el Góber Piadoso, tan lamentables como la pérdida de miles de empleos y el cierre de cientos de empresas, tan inexplicables como niños que mueren de enfermedades curables en pleno siglo XXI, tan inusuales como un ataque terrorista y tan cotidianas como la mordida, en fin, la lista de adjetivos podría ser tan repetitiva e interminable como las promesas incumplidas de campaña de los políticos mexicanos.

 

México no va bien, estamos siendo testigos de una erosión nacional sin precedentes. Pero el narcotráfico, la crisis económica, la desigualdad, la corrupción y la impunidad,  no son tan dolorosas como la actitud de resignación y complicidad de la que la sociedad mexicana está formando parte.

 

Una de las noticias más preocupantes del año está contenida dentro de la encuesta de Gabinete de Comunicación Estratégica de Federico Berrueto y Liébano Sáenz. Según su sus datos, publicados a finales del mes de noviembre, uno de cada cuatro encuestados conoce a alguien que se dedica al tráfico de drogas, y por si esto fuera poco, el 36% de la muestra afirma haber sido vítima de la corrupción. Estas dos variables nos hablan, sí, de la descomposición institucional y de la impunidad generalizada, pero también de la tolerancia social hacia la ilegalidad. El problema ya no es de unos cuantos políticos y autoridades corruptas. El problema hoy, es de todos.

 

A México le urge un cambio. Pero, ¿Cómo podemos cambiar las cosas cuando las cosas ya nos cambiaron a nosotros?

 

La relación de los mexicanos con la impunidad, la corrupción, la ilegalidad y la injusticia, está viviendo una transformación alarmante. En los tiempos del autoritarismo, a los mexicanos nos daba miedo –Con el gobierno mejor no te metas- decíamos. Después, nos dio pereza, nos resignamos –así es, las cosas no pueden cambiar. Hoy la erosión nacional nos está convirtiendo en cómplices de aquello de lo que más nos quejamos “El que no tranza no avanza”. En otras palabras, nos estamos haciendo pendejos.

 

Inspirado en esta depresiva realidad nació la idea de crear un movimiento social orientado a construir un cambio de régimen para México desde el único lugar posible: la conciencia colectiva. El cambio es uno: el cambio está en uno. Es la suma de todos los cambios. El cambio de régimen sólo será posible si dejamos de hacernos pendejos (los unos a los otros y a nosotros mismos) y construimos, desde la base, una nueva cultura de la legalidad y el respeto por lo que nos es común a todos: el espacio público. Ni las autoridades, ni los partidos, ni los políticos tienen una buena razón para cambiar, así están muy bien. ¿Quién en su sano juicio querría cambiar las cosas con los privilegios que hoy tienen al alcance de su mano? No tienen por qué cambiar, porque no hay incentivos. Y peor aún, no tienen por qué cambiar porque la sociedad no se los está exigiendo.

 

Dejemos de hacernos pendejos es un movimiento social, apartidista y sin fines electorales, que pretende promover un cambio de actitud frente a la erosión nacional. Se trata de cambiar lo que está al alcance de uno mismo y sumar todos los cambios para construir una nueva cultura de la legalidad. Se trata pués de generar una inercia positiva que revierta los efectos corrosivos de la complicidad social. Dejar de hacerse pendejo es una especie de propósito de año nuevo: “Este 2009, no voy a dar mordidas, voy a denunciar la corrupción de mis autoridades y voy a respetar las señales de tránsito”.

 

El movimiento se encuentra en una etapa fundacional, lo único que tiene hoy es un grupo en Facebook, una página de internet y una base de datos de más de seis mil personas que están dispuestas a cambiar de actitud. El primer reto, será organizarse para contagiar este anhelo de cambio: para que estos, y todos los que se sumen, pasen de la indiferencia, el enojo o la frustración a la denuncia y de ahí a la acción colectiva y solidaria.

 

No todo en México son malas noticias. Hay miles; millones de mexicanos que todos los días trabajan honestamente y pagan sus impuestos. Que crean o participan en organizaciones de la sociedad civil y que luchan todos los días, y a pesar de todos los demás, por cambiar su entorno. Hay cientos de miles de historias cotidianas que demuestran que en México sí se pueden hacer bien las cosas. Hay incluso algunos políticos, funcionarios y policías, que están siriviendo con honestidad a los demás mexicanos. Ellos –todos- ya dejaron de hacerse pendejos. Estaría bueno que los demás empezaramos pronto.

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Sven es el único culpable (de todo)

Ahora resulta que el único culpable del desmoronamiento y deterioro del futbol mexicano es el sueco Sven. Sí él es esl culpable de que los jugadores tengan que pagar derecho de piso (una parte de su sueldo) a los entrenadores para jugar de titulares en sus equipos. También recuerdo que fue Sven en 1996 o 1997 quien inventó esa mamada de los torneos cortos. También inventó el draft, la primera ‘a’, el decenso por porcentaje… Bueno, no nos hagamos bolas, Sven fue quien le vendió las acciones de Chivas a Jorge Vergara. 

¡Claro! por eso es que los jugadores no quieren sudar bien la camiseta. Yo pensaba que era porque no querían a los dueños de los equipos-respetables hombres de negocios. O porque la corrupción de sus entrenadores y los dueños de sus cartas los desanimaba. Yo pensaba que se trataba de un asunto moral, algo así como ¿para qué sudar una camiseta -eso sí, ferragamo- cochina y apestada por las cerveceras, las refresqueras, las cementeras, las telefónicas, las televisoras, Bimbo y Vegara? (Algo así como pedirle a un ecologista que se la juegue por Jorge Emilio… tá cabrón ¿no?). Bueno, yo pensaba que iba por ahí, pero no. Sven es el culpable. Ni Los federativos, ni los dueños de los equipos, ni los medios, ni mucho menos los aficionados que seguimos llenando los estadios. Todo es culpa de Sven.

No estoy seguro que quieran los dueños del fútbol con Sven, de lo que sí estoy seguro es que el pobre Sueco (bien profesional él) ha de estar pensando en su casa (y en su escaso español), onde me fuei a meter, ¡carajo!’. Mejor me voy antes que me echen la culpa por la crisis financiera, el narco y la muerte de Vasconcelos y Mouriño.

Conversaciones en Facebook sobre el funeral de JCM

  

Julio Portales is ¨…esperando que AMLO presente públicamente sus condolencias a la familia Mouriño. Lo cortés no quita la honestidad valiente…¨.
15 hours ago
 

 

Pablo Segrera at 11:02pm November 9
Esperarás senado, creo.
Pablo Segrera at 11:02pm November 9
sentado
Claudia Salazar Arenas at 6:34am November 10
Será como cuando esperabas ver a Santa Claus pasar en su trineo el 24 de diciembre en la noche!!
 

José Adolfo Ibinarriaga is prensando que el Presidente perdió una magnífica oportunidad de envíarle un mensaje de Estado a la República representada en el Campo Marte.
4 hours ago
 

 

Rosana Lecay at 10:55am November 10
A ver..¿Cómo es eso? ¿Qué crees que debió haber dicho en Campo Marte?
Por mi parte creo que estuvo muy flojo. Sobre todo cuando casi oficia Misa con las bienaventuranzas…
José Adolfo Ibinarriaga at 11:18am November 10
Convocar a la unidad; a superar diferencias; a trabajar por México; en lugar de la liturgia de los bienaventurados. Estaba la representación de la República y, desde mi parecer, la tribuna se utilizó primariamente para la diferenciación entre los “buenos” (bienaventurados) y los “malos” (calumniadores).
Rosana Lecay at 11:26am November 10
De acuerdo. Y además, para elevar al estado de héroe de la patria, a quien no lo es…por más que se lamente su muerte trágica…
Veo una gran falta de experiencia política. ¿A qué jugamos?
Estoy muy preocupada.
Gracia por contestar, coincidir con personas preparadas, me hace pensar que mis temores no son tan errados…
Alina Lopez Camara at 11:35am November 10
Sí, no? Se entiende que las pérdidas duelan pero esto ya es too much y además qué…, los otros no existen?? Eso me parece también falta de tacto!
Pedro Arturo Aguirre Ramírez at 11:56am November 10
El presidente es un idiota.
José Adolfo Ibinarriaga at 11:57am November 10
jajajajajaja
Por: Roberto Trad

Un Cuento para la Crisis

Resulta ser que en Budapest, la oficina de turismo local, expropió hace tiempo una cueva para construir una atracción turística. Los propietarios del predio, se intentaron oponer, al grado que amenzazaron con embrujar su propiedad con algún hechizo gitano.

 

 

Hace dos años abrieron por primera vez los laberintos al público general y la atracción fue todo un éxito. Toda Budapest se volcó a las taquillas. En menos de quince días, la mitad de la ciudad había visitado ya las cuevas de Pest. El resto, lo ha venido haciendo de poco en poco cada domingo, cuando la entrada es gratis.

 

 

A finales del año pasado, el buró de promoción económica inició una investigación para comprender la reciente caída en los índices de productividad y crecimiento de la ciudad.

 

 

En su edición de ésta mañana, el Budapest Sun publica -entre muchos otros datos- que a diferencia de antes, hoy la gente tiende a enamorarse más y trabajar menos. Por lo que invierten la mayor parte de su tiempo y recursos en el travieso arte de la seducción.

 

 

En los próximos quince días –anuncia el diario- el predio será devuelto a sus dueños originales. Esta medida fue promovida por un alto comisionado de la Unión Europea, con el objetivo de evitar que el hechizo de amor se extienda al resto del continente.

Autor: Roberto Trad

Especuladores de la Educación ( o Estaría bueno organizar una marcha de padres de familia y alumnos reporbados.)

Al Presidente Calderón la maestra le salió igual que el Dólar; quienes especularon con ella salieron ganando, pero terminaron cargándonos a todos.

 

No podemos negar que Elba Esther Gordillo es una de las mentes más brillantes y eficientes en el descompuesto mundo de la política mexicana. En los últimos dos sexenios ha logrado posicionarse como el personaje que hizo la diferencia en los procesos electorales más complejos e importantes en la historia del México de la alternancia. Llevó a Roberto Madrazo a la presidencia del PRI. Con él caminó de la mano para recuperar la mayoría en la cámara de diputados durante las elecciones intermedias en el Sexenio de Vicente Fox, y fue sin duda uno de los factores fundamentales para el triunfo de Calderón y la derrota de AMLO en las elecciones federales de 2006. Ya durante la presente administración ha logrado mantener su posición y control sobre diversas eferas de poder, gracias a su valor probado como moneda de cambio electoral.

 

Así, el debate sobre la evaluación de maestros, la ‘sacralización material’ de las plazas para poder heredarlas (como si fueran placas de taxi o títulos nobiliarios) y los diversos conflictos de los grupos disidentes y semi-disidentes que se le han venido presentando en los últimos meses, los ha venido sorteando con relativo éxito, aunque con un costo importante –pero seguramente calculado- en términos de imagen.

 

La pregunta es: ¿cómo se le pudo escapar lo de las hummers? ¿cómo pasó que a una de las mentes más brillantes y maquiavélicas de la política mexicana se le fuera una jugada tan obvia? cincuenta y nueve hummers no es lo mismo que repartir cien mil despensas. Seguramente cien mil despensas son mucho más eficientes (para su tipo de operación) que cincuenta y nueve hummers y son –a pesar de ser tantas- mucho menos notorias y susceptibles del escándalo mediático.

 

¿Habrá perdido la cabeza? Es como si mañana nos enteramos que a los jugadores del Tri se les entregó una prima especial por empatar contra Canadá. No se puede entender que en medio de un ambiente de enojo social por la incertidumbre económica e inseguridad, la lideresa sindical más cuestionada haya sido atrapada con las manos en la masa en un asuntode escándalo que por cierto, no tiene nada de ilegal.

 

¿Habrá perdido la cabeza? ¿Cómo es posible que después del escándalo, ella misma anuncie que va a encabezar una marcha para exigir un incremento en el presupuesto a la educación? Es como si mañana los especuladores le piden al Banco de México que libere otros mil millones de dólares para terminar de consolidar sus posiciones.

 

¿Habrá perdido la cabeza? o es que realmente no tiene la necesidad de explicar a nadie, de dónde sacó las hummers, a quién se las dio, por qué el sindicato de maestros no quiere aceptar métodos de evaluación y control, por qué los grupos disidentes no tienen voz dentro del sindicato magisterial, en qué se invierten las cuotas de los maestros, bajo que criterios se otortan las plazas, etcétera.

 

¿Habrá perdido la cabeza? o es que realmente no tiene la necesidad de explicar a nadie por qué México está reprobado en los principales indicadores internacionales en materia de educación.

 

Lo que es un hecho, es que a pesar de todo lo anterior, fuera del ‘sospechosismo’ y el enjuiciamiento mediático, los actos de la maestra no son susceptibles de responsabilización, o no lo han sido. El hecho es que en realidad la responsabilidad sobre la educación y los asuntos que a ella confieren, recae sobre el Poder Ejecutivo, a través de la Secretaría de Educación Pública. Al final del día, se puede incluso decir (en el colmo del cinismo) que en sus actos la maestra protege, representa y defiende los intereses de su gremio.

 

Urgen métodos de responsabilización para quienes no hacen su trabajo, para para quienes son comparsa en la degradación del sistema educativo mexicano,. Métodos de responsabilización también para quienes concentran el poder hoy de manera informal o para-institucional.

 

Y si eso es demasiado pedir, entonces estaría bueno organizar una marcha de padres de familia y alumnos reprobados para poner fin al simulacro político en el sector educativo.

Le Creemos más al Narco que al Gobierno

I

El sábado por la noche cenaba yo tranquilo en el puerto de Progreso, cuando de pronto a mi date le comenzaron a llover llamadas telefónicas de parte de sus amigas informándole que los sicarios que recién habían descabezado a doce personas en la ciudad de Mérida, habían amenazado con secuestrar a 50 civiles y asesinarlos si para la media noche no renunciaba el jefe de la policía estatal. De inmediato pedimos la cuenta y regresamos a Mérida, interrumpiéndose así nuestra romántica velada. Tomamos camino hacia su casa y en la carretera, ella se dedicó a llamar y mensajear a todos sus amigos y conocidos, intentando averiguar de qué se trataba el rumor.

 

Llegamos a su casa, donde sus padres convivían con un grupo de amigos. Todos en la mesa hablaban por celular y checaban sus SMS’s, preocupados por sus hijos y familiares. Una vez que todos habíamos averigüado el paradero de los nuestros, comenzaron las anécdotas. Mi sobrina –comenzó uno de los contertulios- estaba cenando, cuando el gerente se presentó a la mesa para decirle que no se preocuparan por la cuenta porque el restaurante iba a cerrar en cinco minutos, y que lo mejor era que se quitaran de ahí y se fueran directo a sus casas. Nosotros –intervine- pasamos por varios retenes en la carretera y no quisimos pararnos, por si acaso. Luego llegó el hermano de mi date de un compromiso social y reportó que en la calle todo estaba vacío excepto el Tequila (el antro de moda), pero que tampoco se veía muy lleno.

 

El rumor –dicen los diarios- comenzó con el envío de un correo electrónico la mañana del sábado. Además, se registró el envío de SMS’s en los que se hablaba de una presunta balacera en periférico, así como amenazas de secuestro y asesinato a familiares de la gobernadora Ivonne Ortega y del Jefe de la Policía, así como de un grupo de estudiantes.

 

La mañana siguiente nos despertamos con la noticia de que no había pasado nada.

 

II

Navegaba en Facebook hace dos semanas, después del reportaje de televisa sobre los sitios de comunidad y su vinculación con la industria del secuestro, cuando de pronto noté que algunos de mis amigos comenzaron a cambiar sus nombres y hábitos electrónicos, otros desaparecieron de Facebook, borrando sus fotos y datos.

 

Los que nos quedamos en Facebook comenzamos a conversar a través de sus diferentes herramientas y canales. Mi amigo Alonso decía en su “status” ‘Señor Secuestrador, Facebook es pura mercadotecnia, no valgo lo que aparento” y luego lo cambió por “Señor secuestrador ¿nunca ha ido usted  Mcdonalds? La hamburguesa jamás es igual que la de la foto; lo mismo pasa con Facebook”. Mariana por su parte, puso: “La solución no está en quitarse de facebook, sino en irse a vivir a Miami”. José Adolfo, mi socio escribió: ‘estoy indignado con López Dóriga: Fomenta la Paranoia contra Facebook”. Juan Miguel, otro cuate, publicó la nota “el mundo antes de Facebook” que se puede resumir en 8 palabras: el secuestro es un problema más viejo que Facebook. Paola le contestó a Juan Miguel, yo les contesté a ambos: Los delincuentes están logrando paralizar a la sociedad: han colonizado nuestras conciencias dentro del espacio público. Estamos ante el borde de un toque de queda virtual autoimpuesto, del que difícilmente podremos salir.

 

La discusión continúa, hoy nos reuniremos en Facebook para seguir chateando, si es que no les dio miedo.

 

III

Ricardo Raphael nos contó cómo Torreón se ha convertido en un pueblo fantasma en las noches, gracias a un correo electrónico que circuló con presuntas amenazas de parte de los Zetas durante la celebración de la feria de Gómez Palacio, que por lo mismo, fue un fracaso.

 

Conclusión:

 

Los ciudadanos le creemos más a los delincuentes que a las autoridades. Inviertnen media hora en enviar diez correos electrónicos y logran paralizar ciudades enteras. Por su parte la Procuraduría General de la República y la Secrería de Seguridad Pública gastan millones de pesos en publicidad, tratando de convencernos que están haciendo su trabajo. Que los inviertan en algo que sirva, porque su publicidad, de plano… no.

El Presidente, el Congreso y el Populismo Penal

Las leyes no tienen la culpa; sino quienes no garantizan su aplicación y cumplimiento. Las penas para secuestradores, narcomenudistas, políticos corruptos, defraudadores, traficantes de influencias, violadores, empresarios abusivos y todos aquellos que violentan los derechos de los demás, estan muy claras, pero rara vez se aplican. El estado actual de las cosas en materia de Seguridad Pública en nuestro país, es una señal más de la descomposición institucional del Estado Mexicano que, lejos de garantizar la certidumbre, el desarrollo, los derechos y la seguridad en todas sus dimensiones, se ha convertido en cómplice por omisión o por conveniencia de la impunidad, el incumplimiento sistemático de la ley y el deterioro paulatino de la vida diaria de todos los mexicanos.
 
Durante el proceso electoral de 2006, escuchamos a cientos de candidatos (hoy legisladores, gobernadores, Jefe de Gobierno del DF, alcaldes y al propio Presidente de la República) hablar de la transparencia y la rendición de cuentas como una propuesta de campaña que permitiría acabar con la impunidad y la corrupción en el país, incluída la policía. Los escuchamos hablar de coordinación entre todas las fuerzas policiacas, mayor inversión en sistemas de inteligencia y en la despolitización de la fuerza pública. Prometieron mayor inversión y mejores condiciones de vida para los agentes. Promover la denuncia, mejorar al ministerio público, comprar y equipar patrullas, etcétera, etcétera, etcétera. En campaña parecía que tenían muy claro lo que se tenía que hacer, lo decían con mucha seguridad y contundencia; como si realmente les importara. Estamos por llegar a dos años desde que inició la presente legislatura y a un poco más de que iniciaron las administraciones federal, estatales y municipales que se eligieron en 2006 y sus resultados son decepcionantes. ¿Hasta Cuando? ¿Cuándo van a hacerse responsables de sus errores?
 
Es verdaderamente lamentable que el Presidente de la República, algunos gobernadores y alcaldes, así como los líderes de bancada en el Congreso (los hombres y mujeres a quienes elegimos -supuestamente- para que nos administren lo público y nos representen ante los poderes del Estado), quieran vernos la cara con lo que Ernesto López Portillo, Presidente del Instituto para la Seguridad y la Democracia A.C. ha llamado Populismo Penal.  Todos ellos saben que la solución no está en el incremento de las penas, sino en la responsabilización de los poderes y servicios públicos, pero no les conviene. No les conviene porque es mucho más rentable lucrar con la tragedia y proponer pena de muerte como lo hizo Gamboa Patrón que buscar un sistema que los obligue a ellos a rendir cuentas y hacerse responsables de sus actos. No les conviene porque ante sus verdaderos objetivos –la elección de 2009- es mucho más popular proponer cadena perpetua como hicieron el Presidente Calderón, sus voceros y el Gobernador Ulises Ruiz, que pagar el costo de impulsar una verdadera depuración de los cuerpos policiacos para acabar con el secuestro y el narcotráfico. No les conviene, porque la oportunidad de endosarle la factura al Gobierno del DF (como lo hizo Germán Martínez) es mucho más rentable, que hacer un verdadero análisis de la situación y reconocer que estamos perdeiendo la guerra contra el narcotráfico y el secuestro. No les conviene porque resolver la corrupción policial en la Ciudad de México, implica resucitar a los muertos de Tláhuac y del News Divine, así como a todas las víctimas del secuestro que han perdido la vida. No les conviene, porque coordinar esfuerzos con el Gobierno Federal, implicaría para Marcelo Ebrard, reconocer la legitimidad del Presidente de la República. No les conviene porque con la Reforma Electoral ellos, los partidos políticos, desincentivaron la participación ciudadana, fortalecieron sus posiciones actuales y no tienen rendirle cuentas a nadie por sus actos. No les conviene, porque haciendo lo que se tiene que hacer, ellos salen perdiendo: o porque se evidencia su ineptitud o porque se verán obligados a ejercer el poder y representar los intereses públicos con mayor responsabilidad dejando de lado sus mezquinos intereses electorales.